lunes 24 de junio de 2019 - Edición Nº1294
Dos Líneas » El País » 17 nov 2018

El furor de los Teleconomistas liberales

Los dos exponentes más representativos de este sector son los economistas Javier Milei y José Luis Espert.


Por:
Alexis Dritsos

Con la llegada de Cambiemos al gobierno se reinstaló en el seno del poder un discurso económico neoliberal que se encontraba ausente desde la caída de la Convertibilidad en 2001.  Esta nueva versión, aggiornada por el laboratorio de marketing duranbarbista, encontró el apoyo de gran parte de la sociedad que consideraba, además, agotado el modelo kirchnerista.

Al cabo de tres años de gestión, los resultados obtenidos han sido, cuanto menos, decepcionantes. Las medidas ortodoxas aplicadas han convivido con otras que son la continuidad de las implementadas por el gobierno precedente.

En medio de la decepción de un amplio sector de la sociedad, ha surgido con fuerza un nuevo polo opositor representado por los economistas ultra ortodoxos autodenominados “libertarios”. Los dos exponentes más representativos de este sector son los economistas Javier Milei y José Luis Espert, quienes se referencian ideológicamente en los economistas austríacos Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, pioneros de la oposición a los modelos que impulsaron el desarrollo del Estado de Bienestar.

Con estilos marcadamente diferentes, ambos han logrado una asombrosa y creciente visibilidad mediática. Se trata, estadísticamente, de los economistas con más presencia en tv, radios y medios gráficos en los últimos tiempos. 

Este fenómeno se sustenta en tres pilares fundamentales: Generan un show potente a partir de los desbordes escandalosos (en especial de Milei) que potencian el rating, representan el ideario económico del establishment (que incluye a los dueños de los medios) y, a partir de su constante prédica en contra de la corporación política han logrado sintonizar con una amplia porción de la sociedad que está harta de los políticos en general.

La estrategia se completa con bastantes aciertos en materia de pronósticos económicos, que si bien no difieren demasiado de los de otros opositores, generan un mayor impacto por tratarse de jugadores por fuera del sistema tradicional de la política. El slogan de la libertad que todo lo corrige muestra una efectividad muy alta.

Más allá del show en los medios, es necesario profundizar el análisis para descubrir los verdaderos objetivos e instrumentos que persiguen las propuestas de estos personajes.

En realidad, lo que proponen son ideas bastante viejas que colocan al “mercado” como el regulador natural de la sociedad. Se plantea que un esquema basado en la competencia y la absoluta libertad individual que persiga el interés personal generarán beneficios a toda la sociedad. Desde esta perspectiva el éxito o el fracaso medido en riqueza o pobreza, dependen de la voluntad individual de cada uno. Bajo este concepto el Estado debe ser mínimo (o inexistente según Milei) dado que toda intervención limitante de la libertad económica es vista como un castigo al exitoso y un premio inmerecido para el fracasado.

En los dichos y escritos de estos dos referentes locales podemos encontrar los lineamientos principales de lo que sería una gestión a su cargo: Apertura indiscriminada a las importaciones, eliminación de controles y regulaciones, privatizaciones de empresas públicas y de servicios básicos como jubilaciones, reducciones impositivas a empresas, eliminación de retenciones, intervención para limitar el poder sindical,  reducción de empleo público por despidos masivos, eliminación de jubilaciones y pensiones otorgadas sin la totalidad de los aportes, eliminación de planes sociales con subsidios remunerados y apertura financiera absoluta, entre las más importantes.

Los antecedentes de estas políticas en nuestro país se pueden encontrar en el período de 1976 a 1980, durante la última dictadura cívico-militar, como así también en la década menemista (1989-1999).

Este rol de los economistas “libertarios” es, sin dudas, una avanzada “racional” de posturas autoritarias y abiertamente anti democráticas que empiezan a aflorar con poca timidez en nuestro país. El juego de rol parece empezar a definirse.

Un Espert hablando con sobriedad apuntando a los sectores conservadores del empresariado y Milei con insultos y desacartonado buscando el apoyo de una juventud rebelde y descreída de los proyectos colectivos.

El cuadro se completa con algún líder carismático, que maneje un lenguaje básico y emocional que genere la mística necesaria para lograr el sometimiento del pueblo. A cambio de la promesa de recuperar la seguridad, la justicia y la grandeza perdida, es posible que un gobierno autoritario en nuestro país surja del resultado de elecciones libres, tal como ha sucedido en otros países.

El riesgo de este escenario está latente. La responsabilidad de evitarlo es, esencialmente, de la política tradicional que tiene que poder dar respuestas concretas  a los problemas de la gente.

* Alexis Dritsos Economista Partido Socialista

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