miércoles 18 de octubre de 2017 - Edición Nº680
Dos Líneas » Opinión » 16 sep 2017

La maldad insolente

Maximiliano Abad- Diputado provincial Cambiemos


Por:
Maximiliano Abad

La entrevista que dio Cristina Fernández de Kirchner en Infobae se parece a la historia universal de la infamia. El hecho, en sí mismo, no debería ser espectacular: un candidato político que se sienta frente a un periodista con agenda abierta. En las democracias del mundo ocurre todos los días, en la Argentina de hoy también.

Sería una tentación refutar todas y cada una de las respuestas que dio la ex Presidenta a la muy buena entrevista que llevó adelante Luis Novaresio, y créanme que sería posible hacerlo. ¿Cómo no poder refutarla cuando afirma que no dijo que en Argentina había menos pobres que en Alemania? En la nota en cuestión dijo Cristina: “No recuerdo que [Aníbal Fernández] lo haya dicho pero si lo dijo yo no estoy de acuerdo. Yo nunca dije eso.” Pero resulta que sí lo dijo, fue en el 39º período de sesiones de la Conferencia de la FAO en Roma, del 6 al 13 de junio de 2015. Cristina habló el 8.

En honor a la verdad, en aquella reunión internacional Cristina mencionó a Dinamarca y a las tasas de pobreza de los países más desarrollados. Lo hizo apoyada en un informe del INDEC. Lo recuerdo como si fuera hoy, porque fue una cachetada a la racionalidad. Dijo, concretamente, que “las personas con necesidades básicas insatisfechas son menos del 5%” y que la indigencia, apenas superaba el 1%. Aníbal sólo completó el concepto, pero fue Cristina quien lo dijo sin ponerse colorada en uno de los foros más prestigiosos del mundo. Ahora no está de acuerdo.

Por eso, sería simple hacer este ejercicio de refutación. Basta tener a mano Internet, ni siquiera documentos clasificados o secretos. Podríamos encontrar inconsistencias en su definición de Estado de Derecho, en su definición de Libertad de Expresión, en su concepción de los derechos humanos. En Justicia Legítima, en los aprietes de la AFIP, y así podemos seguir largo rato. Pero usted ya la escuchó, y usted también vivió en Argentina en los últimos años.

Creo que lo más importante de la nota fue la exposición descarnada de quien supone que la realidad se adapta a sus ideas porque no hay verdad. Lo que antes se llamaba “el relato”, que se suponía era un esfuerzo comunicacional del gobierno anterior para construir una ficción adicta, ahora vemos que es un mecanismo propio de su líder que puede negar haber dicho lo que dijo, haber callado lo que calló y acusar: “han pasado 42 días o 43 y no hemos escuchado una sola palabra, una sola mención del presidente” sobre el caso Maldonado.

Pero cuando se le pregunta por qué no condenó los “juicios populares” contra periodistas y opositores, o no puso el poder del Estado a trabajar para el inmediato esclarecimiento de la muerte de Nisman, o no hizo públicos los términos del acuerdo con Irán, se defiende hablando de división de poderes, de libertad, de no interferencia en la justicia. Quizá sea bueno recordarle que desde el 22 de febrero de 2012 pasaron 2032 días y nunca - tampoco en esta entrevista- dijo nada, y mucho menos pidió perdón por la tragedia de Once.

Detrás de la infamia emerge la verdad, como siempre ocurre: Cristina acepta dar entrevistas porque debe dejar de hablarle a los votantes convencidos, que cada vez son menos. En la trastienda de su gesto democrático de dialogar con la prensa –a la que desprecia- está exactamente el análisis que ella hace de los resultados electorales en detrimento del gobierno: “3 de cada 2 no votaron al oficialismo”, sostiene. La misma proporción que marca su techo electoral en la provincia y la lleva a exponerse en la brutalidad de su maldad insolente

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